Olores y Pandemias

Alrededor de 1665 la Gran Peste devastó a Londres. La teoría del miasma de la pandemia sostuvo que la enfermedad se propagaba a través de aromas desagradables, los cuales emanaban de la materia orgánica en descomposición. Cuando empezó la gran contaminación, los médicos huyeron de la ciudad. Los pocos que se quedaron, los más pobres o los más altruistas, se aislaron del miasma con trajes protectores perfumados que se hicieron famosos a lo largo de los años. El objetivo era evitar los malos olores rodeándose de aromas agradables y desinfectantes.
Pandemias - Peste & Olores
La bata estaba cubierta de cera perfumada. La máscara tenía aberturas de vidrio en los ojos y un pico curvo en forma de pico de pájaro con correas que lo sostenían frente a la nariz del médico. La máscara tenía dos pequeños orificios nasales con un respirador que contenía elementos aromáticos. El pico podía contener flores secas (como rosas y claveles), hierbas (menta), especias, alcanfor o una esponja de vinagre.
Las especias exóticas, importadas del Este, eran una opción lujosa para la protección contra la peste. Aquellos que podían permitírselo esparcieron clavo de olor, canela e hinojo sobre los alféizares de sus ventanas para perfumar el aire que entraba. La naranja tachonada con clavos, que ahora asociamos a la Navidad, se originó como preventivo de plagas. Los ricos emplearon a perfumistas para desinfectar hogares afectados por el aire pestilente. El proceso de limpieza fue un ritual elaborado que involucró tanto aromas dulces como malos olores: vinagre, desechos industriales e incluso orina. Se creía comúnmente que un fuerte olor apestoso podría vencer al peligroso miasma, lo que llevaría a algunas personas a buscar curtiembres y pozos negros. Un médico incluso recomendó compartir su hogar con una cabra apestosa.
Hoy estamos enfrentando una nueva pandemia y esta vez no se habla de miasma sino de anosmia (incapacidad de oler). De acuerdo a estudios que se realizaron a más de un centenar de personas infectadas con COVID-19 en Wuhan en China, parecería que 2 en 3 pacientes pierden el sentido del olfato (y quizás del gusto) de manera brusca y sin estar congestionados. Los especialistas comienzan a advertir que la fiebre, tos y dolor de garganta no serían los únicos síntomas que alertan de la presencia de la enfermedad. De hecho, la perdida del olfato aparece mucho antes que el resto de los síntomas más conocidos. Una base militar de los Estados Unidos en Corea del Sur realiza pruebas a las personas que ingresan, para que huelan vinagre de manzana. El propósito de esta iniciativa es identificar a personas que podrían estar portando COVID-19 como consecuencia de la evidencia que apunta que la pérdida del olfato es un síntoma común de la enfermedad.
Es interesante observar que en ambas situaciones históricas, tanto en el Medievo como en el siglo XXI, el olfato o la pérdida del mismo juegan un papel importante en la lucha contra la propagación de una pandemia.

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