Perfumando la Casa

Sabemos que las fragancias nos pueden acercar en un instante memorias lejanas, quizás escondidas en el inconsciente. Además tienen la capacidad de cambiar nuestro estado de ánimo, de revitalizar, emocionar y calmarnos. Nos dejamos llevar a otros universos a través del olfato. 
En época de confinamiento y aislamiento social, los momentos en la casa son amplios. El simple acto de prender una vela, activar un difusor de esencias o perfumar nuestro cuerpo, prendas o ambientes nos puede hacer bien inmediatamente.
 
Hoy en día, los difusores y las velas perfumadas son muy aclamados, de hecho las ventas de estos productos incrementan cada año más. En los últimos meses en particular, la demanda ha subido exponencialmente. Pero desde cuando empezó la costumbre de perfumar el ambiente y de dónde proviene? La historia muestra que las esencias se usaban para el hogar antes de que se usaran para desodorizar o adornar el cuerpo.
 
 
Antigüedad
 
Los primeros registros aparecen alrededor de 3.000 aC en Egipto. Los sacerdotes usaban resinas aromáticas como un incienso primitivo, para tapar el olor de las ofrendas de sacrificio podrido y porque creían que tales aromas podían conectar a sus seguidores con los dioses. Los Griegos tenían la costumbre de esparcir hojas de menta en el piso de la casa. Hipócrates comenzó a prescribir fumigación y el uso de aromas (mezcla de resinas, plantas molidas y aceites) para prevenir enfermedades durante este tiempo.
 
Los Chinos solían quemar incienso y otras fragancias en lugares especiales y consideraban a los perfumes como un método para desinfectar distintos ambientes. Incorporaron las esencias en papeles y tintas con aromas de flores y mandarina. Fueron los primeros en agregar fragancias a las velas para fabricar ‘relojes del tiempo’. Insertaban varillas de incienso en la cera durante intervalos particulares para que el cambio de fragancia indicara el cambio del tiempo o la hora. Más tarde, India también descubrió los beneficios aromáticos de usar una cera hecha con canela hervida para sus velas. A diferencia del uso de grasa animal, que olía horriblemente durante el proceso de fabricación, el uso de la canela proporcionaba un aroma relajante y un aroma agradable.
 
 
Medio Evo y Renacimiento
 
En los tiempos que siguieron, la Iglesia en Europa detuvo el desarrollo de la perfumería declarando que el aroma era una cuestión frívola. Pero el crecimiento de la Ruta de la Seda desde China hasta Europa abrió camino al comercio de incienso, especias y flores entre los continentes vecinos. La mayoría de las fragancias llegaban en forma de aceites, resinas y flores molidas mezcladas con los primeros intentos de destilación de alcohol. La popularidad de los perfumes caseros creció durante la era de la peste cuando se creía que las enfermedades eran debidas a los olores feos (miasma) en el aire y el uso de olores agradables proporcionaría cierta protección (leer articulo sobre este tema acá).
 
Durante el Renacimiento las fragancias consiguieron mayor importancia, ya que el baño se consideraba peligroso e insalubre. En ese entonces se percibían olores fuertes como el ámbar, jazmín, almizcle y nardo, utilizados con el objetivo de tapar los olores persistentes. París se convirtió en la capital de los productos perfumados. En el siglo XIX, se buscaban fragancias de hogar para cubrir los olores de la comida vencida, de la basura y del almacenamiento temporal de los desechos humanos en interiores (los inodoros no existían todavía). Se quemaban maderas aromáticas y se creía que los vapores de lavanda podrían matar las bacterias de la tuberculosis.
 
Los primeros científicos y alquimistas aprendieron nuevas formas de destilar ingredientes fabricando así productos más baratos y accesibles y el arte de la perfumería pronto superó en popularidad el arte de la fragancia casera. Y así fue hasta que a mediados del siglo XX se popularizó el uso de técnicas para aromatizar hogares con la intención principal de tapar los olores de la cocina y del tabaco, muy presente en la época.
 
 
Siglo XX
 
En su libro del 1937 “Aromaterapia: Los Aceites Esenciales, Hormonas Vegetales”, René-Maurice Gattefossé, químico francés, menciona por primera vez el difusor de varillas. En 1943 se lanzó “Air Wick” en los Estados Unidos ofreciendo específicamente productos de fragancias para el hogar. En diez años, la compañía se expandió a Europa, Canadá y Australia. En 1954 el icónico ambientador “Little Trees” fue creado por el químico Julius Samann, quien había estudiado los aromas de los árboles alpinos en los bosques de Canadá. Según la revista The New York Times, Samann escuchó a un lechero quejarse del hedor de la leche en mal estado y presentó una patente nueva para "sustancias que destruyen el olor y perfuman el aire." A medida que se acercaron los años 70, un estudiante de secundaria de 16 años creó una vela para su madre llamada “Yankee Candle”, que eventualmente llegaría a 575 tiendas minoristas en todo el mundo.
 
Poco de a poco el negocio de los perfumes ambientales se volvió más hábil y sus aromas más sofisticados, actualmente tenemos acceso a velas, aerosoles, room sprays, difusores, piedras de lava y todo tipo de formas de disfrutar nuestros aromas favoritos en nuestros espacios. La perfumería de nicho ha explorado el uso de sus fragancias distinguidas en velas y otros medios perfumados con gran éxito, ayudando al crecimiento y comercialización de la perfumería de ambiente.

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